Obispo Osio

Obispo Osio

Obispo Osio

Nace en Córdoba a finales del siglo III. Hacia el año 294 Osio fue nombrado Obispo de Córdoba, trasladándose a Italia principios del siglo IV. Fue una figura de gran trascendencia universal. Estimado por el emperador romano, pronto pasó a ser asesor personal del mismo. Presidió los concilios de Arles, Nicea y Sárdica (en los años 314, 325 y 343 respectivamente), en los que condenó el arrianismo y tuvo parte primordial en la redacción del Credo Niceno, dando lugar al concepto homoucius o divinidad de Cristo. 

Asistió al Concilio de Iliberis en España, de carácter eminentemente disciplinar, tendente a evitar los peligros de la idolatría y el judaísmo. Los ataques sufridos por San Atanasio por parte de los arrianos de Constantino motivaron la defensa encendida de Osio hacia el futuro santo. Perseguido y martirizado, ha pasado a la Historia como Confesor de la Fe. Finalmente, el emperador destierra al obispo cordobés a Sirmio donde fallece a mediados del siglo IV, siendo considerado por la iglesia ortodoxa griega casi como un santo. En la pequeña Plaza de las Capuchinas se encuentra una estatua en honor a este obispo cordobés.