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Eduardo Lucena (músico)

Eduardo Lucena (músico) De la Córdoba musical del siglo pasado, dos nombres acaparan nuestra atención: Eduardo Lucena y Vallejo y Cipriano Martínez Rücker. Cada uno con un legado que llega hasta nosotros: del primero, el Centro Filarmónico, y del segundo, el Conservatorio de Música, y de ambos, un corpus creativo que protagoniza el romanticismo musical cordobés.

Nacido en Córdoba el 22 de agosto de 1849, Eduardo Lucena recibe la formación musical con su padre, Francisco Lucena Luque, y luego en el Conservatorio de Madrid, donde tiene como profesores al gran violinista Jesús de Monasterio y a Hilarión Eslava. Su vida profesional abarcó las facetas de director de orquesta y de banda, violinista, compositor y profesor de armonía en la Escuela Provincial de Bellas Artes de Córdoba, germen del futuro conservatorio. Es la creación del Centro Filarmónico lo que le ha hecho pasar a la historia de Córdoba, ya que gracias a la polular agrupación sus composiciones llegan frescas hasta hoy. Entre los honores que recibió en vida figuran el nombramiento de caballero de la orden de Isabel la Católica y el de socio de honor de la Sociedad Económica de Amigos del País. Murió el 2 de marzo de 1893, en una casa de la calle San Fernando en cuya fachada figura desde 1912 una placa de recuerdo colocada por el Ayuntamiento.

La obra compositiva de Lucena ha de enmarcarse en el panorama musical de la pasada centuria; sólo así podemos apreciar su verdadera importancia en la producción musical española. Su catálogo de composiciones incluye diversos géneros de baile, obras líricas y algún que otro escarceo en las formas clásicas. Según el diario La Unión del 7 de marzo de 1893 encontramos con que entonces se subrayan como obras principales de su catálogo: varios himnos uno de ellos con motivo del advenimiento al trono de Alfonso XII; una tanda de valses titulados Zaida; dos sinfonías para gran orquesta; barcarolas, mazurkas, romanzas.....Es decir, una literatura en la que abundan los géneros menores de tradición universal, como la barcarola, el vals, la pavana o la mazurka; las obras de circunstancias, o escritas para un acto concreto, además de jotas, habaneras, pasacalles, expresión genuinamente popular.

Es una música de gran riqueza melódica, convencional en la armonía y con un acusado componente rítmico, rasgos inherentes a las formas populares. Lucena no pretendía ser un innovador, más bien su verdadera ambición es expresar sentimientos a través de una música asequible para todos, hecha con talento e inspiración, los cuales se sirven de elementos universales que trascienden lo meramente localista.

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