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Juan Valera (político y escritor)

Juan ValeraNace en Cabra en 1824, hijo de José Valera y Viaña y de Dolores Alcalá Galiano. En Cabra realizó los primeros estudios; de 1837 a 1840 cursó estudios en el Seminario de Málaga, que por aquellos años no sólo admitía aspirantes al sacerdocio. Publica sus primeros versos en El Gualhorce, de allí va a Granada al Colegio del Sacro Monte en 1841.

Colabora en la revista La Alhambra, de allí marcha a Madrid a estudiar derecho. Se enamora de la poeta Gertrudis Gómez de Avellaneda, aunque a pesar de los versos que le dedica no corresponde a su pasión juvenil. Suspende el curso y vuelve a Granada a recuperar el tiempo perdido. Se licencia en derecho en 1846 y el gobierno de Isturiz le nombra en 1847 agregado diplomático sin sueldo en la legación de Nápoles. Vuelve a Madrid en 1849 y le sabe a poco la corte, nombrándosele agregado de la embajada de España en Lisboa, esta vez con sueldo. En 1851 Juan Valera es nombrado secretario de legación en la embajada de Río de Janeiro. Esta experiencia pasará a su novela Genio y figura. De 1853 a 1857 está de nuevo en Madrid, trabajando para la prensa y formando parte del séquito del duque de Osuna cuando éste realiza un viaje por Rusia. Por sus cartas a Leopoldo Augusto Cueto conocemos el tono de esta curiosa embajada. Será también diputado a Cortes por Archidona en 1858. Por este tiempo fundará los periódicos satíricos El Cócora y El Contemporáneo. En 1861 entra en la Real Academia de la Lengua, siendo nombrado en 1872 ministro de Instrucción Publica, cargo que le duro poco tiempo por los avatares de la política en aquellos años. Volverá a la carrera diplomática en 1881, y hasta 1883 recorre Lisboa, Washington, Bruselas y Viena.Viejo, enfermo, casi ciego, apartado de la vida pública y con la sola compañía de una tertulia de amigos , muere en Madrid el 18 de abril de 1905.

En la obra de Juan Valera encontramos unidos un romanticismo vital que brilla en su vida agitada y un clasicismo profundo, que le dio el ideal de gozar de la vida y la mesura de no caer nunca en extremos literarios. Es autor de una obra extensa donde se juntan el novelista, el escritor político -en sus artículos y sobre todo en sus cartas- y, en último lugar, el poeta.

Juan Valera escribe su primer poema conocido a los dieciséis años, "Fantasía", y soñará con ser poeta. Su verso es cuidado, lleno de valores formales. Sin embargo influido por su clasicismo se ha dicho que su poesía es artificial y fría.

Su creación novelística sólo tiene comparación con la de Galdós, pues su obra son cuadros sucesivos, donde cada uno penetra en una parcela o en un aspecto. En su novela se junta la profundidad de su pensamiento con la finura de observación de costumbres. Aunque el espíritu de Valera era universal, no llegó a realizar una creación novelística cosmopolita, sino la más cercana a su más familiar tierra. Es la tierra contemplada con distanciamiento, novela cordobesa.

Su primera novela es Pepita Jiménez (1874), historia de los amores de un seminarista y una viuda joven donde el conflicto es su padre mismo y las costumbres del pueblo. La novela es una finura de técnica moderna, porque conocemos la historia y la evolución de los personajes por el ojo múltiple del tío canónigo y la relación objetiva de tercera persona. La novela inaugura con finura de análisis la narración psicológica.

Prosigue esta tendencia, quizás con estructuras menos conseguidas, en Las ilusiones del Doctor Faustino (1875), El comendador Mendoza (1877), Pasarse de listo (1878) y Doña Luz (1879).

En 1895 abandona la vida diplomática definitivamente. Está enfermo, pero produce sus más intensas novelas, donde la creación de los personajes aparece más evidente. Quizás la mejor de todas ellas sea Juanita la Larga (1985), seguida de Genio y figura (1897) y Morsamor (1899), novela con trasfondo biográfico donde Valera puede estar encarnado en los sentimientos del protagonista, que recorre el mundo y vuelve desengañado a su convento.

Al lado de las grandes novelas hay que colocar los cuentos. En sus cuentos es el ambiente mágico que crea con la palabra lo que sobresale por encima de un posible realismo que deja para sus artículos de tipos y costumbres populares.

Gran conocedor de la realidad de España, como se ve en sus cartas, conocedor de la historia, inmerso y distante de la realidad inmediata por su fina ironía, es un autor del que todavía no hemos sido capaces de sacar todos sus valores.

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